Mi mundo de letras

Un día soñé que el mundo era letras. Letras que se construían, se ensamblaban y que  también se desasían. Soñé que podíamos viajar entre ellas como si viajáramos de un país al otro, sorteando las fronteras de sus cubiertas. Soñé que en el momento que acabáramos una historia podríamos empezar otra, en otro mundo, con un personaje totalmente distinto; incluso, con poderes y rasgos de seres fantásticos.

Y, ¿saben? Fue un sueño agradable. No estar atado a la realidad del tiempo presente sino a la inmensidad y durabilidad de las letras. No tener que vivir en la monotonía del día a día sino vivir cada historia como si fuera la última porque cuándo menos nos lo esperáramos aquella historia acabaría y empezaríamos una nueva, totalmente distinta.

Soñé que el mundo era de tinta, una tinta variable y llena de vida, de aventuras y de romance. Después de todo qué es la realidad más que aquello que nosotros mismos creamos. Qué es la realidad más que palabras no dichas, más que libros no escritos y sueños por ser realizados.

¿Cómo sería su mundo?

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